Expertos advierten que los efectos del fenómeno climático trascienden el clima y podrían impactar el abastecimiento de agua, la producción agrícola y los costos de generación eléctrica.

Más allá del aumento de temperaturas y la disminución de lluvias, la llegada del fenómeno de El Niño plantea un reto estratégico para Costa Rica: garantizar la disponibilidad de agua y la estabilidad de sectores clave para la economía nacional.
Las proyecciones del Instituto Meteorológico Nacional (IMN) apuntan a una reducción de las precipitaciones durante el segundo semestre del año, acompañada de temperaturas superiores a los promedios históricos. Algunos escenarios estiman déficits de lluvia de hasta un 30% en distintas regiones del país.
La preocupación no se limita al impacto climático. La disminución de las lluvias podría afectar los caudales de los ríos, los sistemas de abastecimiento de agua y la capacidad de generación hidroeléctrica, un recurso del que depende gran parte de la electricidad consumida en Costa Rica.
Sectores como la agricultura, la ganadería y el turismo también enfrentan desafíos asociados a una mayor presión sobre los recursos hídricos, especialmente en regiones tradicionalmente vulnerables como Guanacaste y el Pacífico Norte.
Asimismo, especialistas advierten que los efectos de El Niño podrían generar presiones sobre los costos de producción y algunos precios de la economía, debido a una menor disponibilidad de agua y mayores necesidades energéticas.
La Organización Meteorológica Mundial estima una alta probabilidad de que el fenómeno se consolide durante los próximos meses y se extienda hasta 2027, por lo que las autoridades y distintos sectores productivos ya trabajan en medidas de preparación y mitigación.
En este contexto, expertos coinciden en que la adaptación, el uso eficiente del agua y la planificación anticipada serán determinantes para reducir el impacto de uno de los fenómenos climáticos más influyentes a nivel global.
